Una sociedad que se reinventa…

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En un mundo tan cambiante, donde nos miramos al espejo por las mañanas o la mayoría de las veces ya no lo hacemos porque el tiempo va siempre un paso adelante de nosotros. Pasamos muchas veces más horas en el auto que en las actividades reales que tenemos que llevar a cabo. Y en una ciudad pequeña, donde las calles nos llaman a recorrerla a pie, el auto se convierte en una complicación.

El mundo se reinventa, y las mujeres y los hombres también. Hoy día ¿quién manda en casa?, ¿quién mantiene a la familia? que importa. Las familias también se reinventan día a día, la gloria, el sufrimiento, la felicidad, las enfermedades determinan esa reinvención.

Pero a nivel mundial, son las cifras las que determinan nuestra real existencia, la felicidad completa o aquella que se intenta. Según datos del libro mundial de hechos, que publica la Agencia Central de Inteligencia (CIA) por sus siglas en inglés en el 2016 la población alcanzó la cifra de 7,323,187,457 habitantes.

Lo anterior nos remite a pensar en una cifra enorme, que comparada con el número de nacimientos por día 371,520 personas, con la de fallecimientos por día 156,384 personas. Tenemos que cada día hay más de 215 mil nuevos habitantes en el planeta.

Y entonces regresamos a nuestro mundo, a nuestra sociedad, donde las cifras, los recursos no renovables van a la baja y la contaminación no se detiene. El gasto familiar se ve reflejado en el bolsillo de hombres y mujeres, que, en su búsqueda por dar solución a problemas personales, se olvidan del problema mundial: la sobrepoblación. Y se olvidan de otro problema real que acontece de forma más personal: “vivir”.

Como decía Rosseau “los latigazos de la vida, el sufrimiento me confortaba, porque me recordaban que no estaba viviendo”, y los humanos, nosotros cada habitante, cada mujer y hombre, cada niña y niño, se olvidan en ocasiones de vivir, ¿quién se los recuerda?, ahí vamos de nuevo, una enfermedad que está de moda “el estrés”.

Cada semana hay más de un millón y medio de nuevos habitantes, cifra a nivel mundial, pero aquí en cada pedazo de tierra, en cada ciudad, donde los recursos se acortan, para hacer de las quejas el comentario del día, qué vale más o qué interesa más: la sobrepoblación o no saber ser feliz.

El mundo cambia, es una realidad, las personas también, y la soledad se convierte para muchos en un modo de vida, en la recompensa definitiva, donde la falta de comunicación, como los nacimientos por día en todo el planeta, sobrepasa el diálogo.

La individualidad, la soledad, el alza del dólar, horas frente al volante, la falta de empleo, el estrés, hacen que nos olvidemos de lo verdaderamente importante, nuestro objetivo real frente a una sociedad desgastada, el de vivir para contribuir a un cambio.

Enaltecer las fiestas, como la del Carnaval que se va, viviéndolas, disfrutando, sin hacer de lado el compromiso real de ser uno de los 7, 323,187,454 habitantes que transformamos al mundo con lo que hacemos, con lo que decidimos hacer para mejorarlo y no permitir el lamento, sino el cobijo de la naturaleza y el sentir real de cada hombre y mujer. ///